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Desafíos del Envejecimiento

Uno de los mayores desafíos frente al fenómeno del envejecimiento humano en nuestra cultura es cómo hacer frente a la idea acerca de que la vida humana está afectada por el paso del tiempo, por el desgaste del cuerpo y la pérdida del componente de la fuerza física.

Carlos tiene 67 años, trabajó como metalúrgico en una fabrica de repuestos para automóviles, la exposición prolongada a altas temperaturas en los hornos de la fabrica debilitó sus pulmones, dejando como secuelas algunas crisis respiratorias.

Siente que sus fuerzas no son las mismas, sus hijos le han recomendado no correr riesgos y evitar las caminatas con amigos, que suele hacer por el parque día de por medio. Pero, él percibe que el ejercicio físico, no sólo le ha permitido mantenerse con buen ánimo, a demás ha logrado mayor confianza para afrontar las crisis respiratorias.

La fuerza humana es un componente fundamental para resolver problemas y situaciones desafiantes que son partes de la vida en sociedad. Asociando, por lo tanto, la fuerza humana como un componente privilegiado y atribuido a la etapa vital de la juventud. 

A partir de estas creencias, la cultura occidental, ha modelado y construido una imagen de la persona mayor en el sentido de la decrepitud, por el paso del tiempo y la pérdida de la fuerza vital del cuerpo. Más aún, en la etapa de la vejez, es visto como un componente opuesto a la reserva de fuerza física que posee un cuerpo joven.

Esta imagen de decrepitud en la cultura asociada al cuerpo “envejecido”, es uno de los mayores obstáculos para tomar conciencia de las múltiples capacidades que posee el ser humano y no son aplicadas hasta el final de su vida. Esta imagen de la vejez arcaica esta regulada por la reserva física que se cree que se debe poseer para resolver situaciones problemáticas y traumáticas por sí sólo. 

Nos proponemos cuestionar esta idea acotada del envejecimiento porque reproduce prejuicios y creencias erróneas acerca del proceso de envejecimiento y la vejez, donde la fuerza vital esta vinculada solo a la capacidad física y puede convertirse en un mecanismo para excluir a las personas mayores de la vida en sociedad.

Necesitamos poder ampliar y reivindicar el potencial humano en la vejez y formarnos una idea más integral, con todos los componentes de lo humano, que favorezcan el desarrollo humano y un envejecimiento digno.

La fuerza física 

Desde que nacemos estamos obligados a vencer una fuerza, por ejemplo la de la gravedad, para poder movernos. la fuerza física es absolutamente imprescindible para el ser humano, pues además de ayudarnos a mantener la postura corporal nos permite realizar multitud de acciones cotidianas: levantar objetos, apretar, estirar, empujar, retorcer, etcétera.

Concepto de Fuerza

Según el blog Educación física Plus+, el concepto de fuerza, entendido como una componente funcional del ser humano, se refiere a la “capacidad que nos permite vencer una resistencia u oponerse a ella mediante contracciones musculares”, por lo tanto es un componente vinculado a vencer y superar algún desafío mediante una parte del cuerpo.

Nuestros músculos tienen la capacidad de contraerse generando una tensión. Cuando esa tensión muscular se aplica contra una resistencia (una masa), se ejerce una fuerza, y caben dos posibilidades: que la supere (fuerza>resistencia) o que no puede vencerla (fuerza≤resistencia).

Se cree que, tanto hombre como mujeres, en su desarrollo evolutivo, parecen tener la capacidad para aumentar su fuerza durante la pubertad y la adolescencia. Alcanza un nivel máximo entre los 20 y los 25 años, a partir de ahí disminuye de manera considerable. 

De este modo, a los 25 años, una persona pierde en torno al 1% de su fuerza máxima cada año, por lo que a los 65 años, una persona sólo tendrá el 60% de la fuerza que tenía a los 25 años, de manera aproximada.  Lo que nos alerta acerca de la necesidad de ejercitar el componente físico para conservar el nivel de fuerza que requerimos conservar.

Esto supone que, si no trabajamos nuestra fuerza de forma adecuada, cuando tengamos 75 años de edad, nuestras piernas y brazos serán tan débiles que nos costará, incluso, levantarnos del sillón o de la cama, lo que supone que no podremos valernos por nosotros mismos. Pero también es cierto que podemos tener fuerza física, pero no haber desarrollado otros componentes fundamentales para adaptarnos a los cambios y nuevos contextos sociales.

La pérdida de fuerza muscular está relacionada con los niveles individuales de capacidad física y los hábitos personales. Las personas más activas o aquéllas que siguen realizando un entrenamiento de fuerza, tienen una tendencia menor a perder fuerza muscular y a acumular una reserva de energía y plasticidad corporal que aporta al entramado de la reserva humana.

La Reserva Humana

La reserva humana es un concepto nuevo en el campo de la gerontología, y se entiende como un entramado de capacidades y habilidades que servirán de protección para compensar el desgaste  del tiempo sobre la persona humana. Un entramado que contiene una serie de redes y conexiones, que van más haya de lo físico:

  • Conexiones neuronales
  • Conexiones cognitivas
  • Conexiones emocionales
  • Conexiones afectivas y vinculares
  • y de plasticidad corporal

La Reserva Humana, no siempre es un recurso al que las personas pueden acudir para resolver las dificultades, porque tiene aspectos que la limitan en su constitución y construcción: por ejemplo una limitación es aquello que sabemos que nos hace daño o no permite nuestro desarrollo, pero aun así lo aceptamos y sostenemos, como un habito tóxico o el sedentarismo.

Para la psicogerontóloga, Graciela Zarebski, la pregunta por la reserva humana implica revisar nuestro propio armado de la identidad a lo largo de nuestra historia : “las identificaciones, decisiones y elecciones que hemos realizado en nuestra vida para constituir una reserva integral de fuerza, energía, capacidades, habilidades, conocimientos, etcétera que constituyen un entramado flexible y plástico para aplicar en la vida”.   

Este “complejo identitario” define con su entramado que tan flexibles somos para los cambios y adaptaciones. “Los aprendizajes que constituyen nuestra reserva cognitiva son capacidades que nos permiten introducir cambios, realizar replanteos y tomar críticamente los mensajes que recibimos“.

La clave para construir una buena Reserva Humana es aceptar nuestras propias contradicciones, nuestros propios puntos flojos, nuestros vacíos, enfrentarlos y hacer algo con ellos. Utilizando la creatividad y resiliencia que constituyen nuestra reserva humana para transformar la realidad particular que nos toca afrontar.

La Reserva Humana implica un trabajo dinámico de armado que desarrollamos en el recorrido de la propia vida, a partir del cual, constituimos “un repositorio” de recursos para hacer frente a los problemas y adaptaciones durante todo la historia de vida.

Este armado de la reserva humana es más amplio, e integra el todo, es más que la fuerza humana y se produce sobre los diferentes componentes de la persona:

  • Sobre lo mental
  • Sobre las emociones
  • Sobre lo cognitivo
  • Sobre lo espiritual y el sentido de la vida
  • Sobre lo social y lo safectos
  • y sobre lo físico y biológico

La Reserva se constituye, cuando desarrollamos actividades para mantener, renovar y reforzar cada uno de estos componentes de la reserva humana que constituyen a la persona integralmente en todas sus dimensiones.

Importancia de la Reserva Humana

La relevancia de constituir una Reserva Humana amplia y fuerte está dada por la capacidad de contar con recursos diversos que nos permitan compensar y resolver las circunstancias y situaciones problemáticas que la vida nos demanda enfrentar de forma independiente y autónoma.

La construcción subjetiva de un mecanismo regulador amplio como la Reserva Humana puede compensar más integralmente el proceso de envejecimiento, ya que quien se ocupó de acumular emociones positivas podrá compensar con alegría, quién entreno el cerebro apelará a la memoria sin problema, quién práctico la bondad y la resiliencia podrá afrontar con éxito los traumas y pérdidas con inteligencia y una ‘rica” Reserva Humana.

La cuestión que va a marcar la diferencia es que, las personas que no poseen un trabajo dinámico sobre sí mismas, están en franco riesgo, ya que estas, por un déficit en su armado de base sobre la Reserva Humana, quizás han puesto y establecido barreras en sus vidas que no les permite constituir aquellos aspectos necesarios y válidos para constituirla y enriquecerla.  

Al respecto Sarebski dice que “son los que adhieren de modo acrítico a los prejuicios e ideales culturales que achatan su psiquismo empobrecido; los mensajes que vienen a cuestionarlos no son considerados y son dejados afuera. Van construyendo así un mundo chico y supuestamente fácil de manejar. Supuestamente, porque todo lo no elaborado estará ahí luchando por salir”.

El trabajo preventivo para un envejecimiento normal deberá incluir una anticipación y mucha sabiduría para empezar a constituir una Reserva Humana gradual que nos permita tener un envejecimiento con recursos y autorrealizado, ante cada situación desafiante. “Mirar la vejez como una ocasión última de alcanzar la plenitud y felicidad en todo su potencial humano”. (Aguerre y Bouffard, 2008)

Bibliografía y Páginas de Referencias

Blog Educación física Plus + https://educacionfisicaplus.wordpress.com/2012/10/24/la-fuerza/

Zarebski, Graciela. 2011 “El Futuro se Construye Hoy”. La Reserva Humana, un pasaporte hacia un buen envejecimiento. Buenos Aires. Ed. Paidós.

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