Mandar un audio a los nietos, hacer un trámite desde el celular o sumarse a una videollamada familiar son gestos cotidianos que, para muchas personas mayores, implican aprender cosas nuevas. Un gran estudio internacional sugiere que ese esfuerzo también podría cuidar la salud cerebral.
El corazón de la ciencia
Jared F. Benge (Universidad de Texas) y Michael K. Scullin (Universidad Baylor) publicaron en Nature Human Behaviour un metaanálisis: un estudio que reúne los resultados de muchas investigaciones previas para obtener conclusiones más sólidas. Revisaron 136 trabajos; 57 permitían el análisis estadístico, con 411.430 personas mayores de 50 años (edad promedio: 68,7 años), seguidas entre 1 y 18 años según el estudio.
Contrastaron la hipótesis de la «demencia digital» con la de la «reserva tecnológica», que se apoya en la reserva cognitiva: una especie de cuenta de ahorro del cerebro, que se acumula con actividades estimulantes y ayuda a sostener las funciones mentales con los años.
Menor riesgo de deterioro cognitivo entre quienes usaban tecnología digital (OR 0,42; IC 95 %: 0,35–0,52). Declive más lento con el tiempo (HR 0,74; IC 95 %: 0,66–0,84).
Resultados consistentes tras considerar factores demográficos, socioeconómicos y de salud, y en los estudios de mayor calidad.
Matices importantes
Son estudios observacionales: muestran una asociación, no una causa. Quienes conservan mejor su cognición podrían usar más tecnología, y los autores piden investigar esa relación en ambas direcciones. Además, la investigadora del CONICET Andrea Goldin advirtió que casi todos los estudios provienen de países ricos (solo tres o cuatro de los 57 son de países pobres) y que la potencia estadística es moderada.
Y en Argentina y en Córdoba, ¿qué sabemos?
Hasta donde pudimos relevar, no encontramos un estudio argentino que evalúe si usar tecnología se asocia con menor deterioro cognitivo. Sí sabemos que el uso está extendido: según el INDEC (2023), el 90 % de las personas de 60 a 74 años usa celular y el 78 %, internet. Pero usar no es lo mismo que sentirse capaz. En Córdoba, un equipo de la UNC (con María Eugenia Boito entre sus autoras) entrevistó a personas autoválidas de 60 a 80 años: en general se perciben poco hábiles, recurren a hijos o nietos y el miedo a equivocarse o a las estafas frena el aprendizaje. Otras aprenden por interés, «con prueba y error». Son pocas voces y no miden cognición, pero sugieren que aprender sin miedo y con un acompañamiento que alienta, no que apura, puede ser clave para un uso activo.
¿Qué significa esto para tu día a día?
Preferir el uso activo. Comunicarse, leer, escribir o resolver trámites exige más al cerebro que mirar contenido sin rumbo.
Buscar desafíos razonables. Aprender una función nueva puede ser buen ejercicio, siempre que cueste un poco sin frustrar.
Aprender acompañados. La familia, las amistades, los talleres y los centros de día o de jubilados ayudan a ganar confianza. La tecnología suma junto con el movimiento y los vínculos.
Cierre y participación
Aprender algo nuevo, a cualquier edad, es seguir construyendo salud. ¿Qué fue lo último que aprendiste a hacer con tu celular o tu computadora, y quién te ayudó? Te leemos en los comentarios.
📚 Fuente y Referencia
Benge, J. F., & Scullin, M. K. (2025). «A meta-analysis of technology use and cognitive aging». Nature Human Behaviour, 9(7), 1405–1419. DOI: 10.1038/s41562-025-02159-9
Boito, M. E., Delgado, M. F., Salguero Myers, K., Ortiz Narvaja, M. M., Cilimbini, A. L., & Mazzetti Latini, C. (2025). Vida cotidiana y tecnologías digitales: experiencias de personas mayores. Córdoba, 2024. Anarchivo, Facultad de Ciencias de la Comunicación, UNC. ISBN 978-631-91115-4-5. https://editoriales.facultades.unc.edu.ar/index.php/anarchivo/catalog/book/268
Nota divulgativa: INCyT (CONICET – Fundación Favaloro – Fundación INECO), «Cómo las pantallas pueden proteger a los adultos mayores del deterioro cognitivo», 28 de abril de 2025.