Actualmente el tĆ©rmino āestimulación cognitivaā es ampliamente utilizado en el Ć”mbito gerontológico y sociosaniario, aunque no son los Ćŗnicos, siendo su abordaje obligatorio en todos los espacios que se trata el tema del envejecimiento activo.
Al haber sido demostrados ampliamente sus beneficios, los centros de atención a personas mayores incluyen con frecuencia terapias de estimulación cognitiva dentro de los servicios terapéuticos que ofrecen a sus usuarios y/o residentes. Sin embargo, existe una significativa confusión con respecto al concepto, a los posibles objetivos de su utilización y a sus posibles intervenciones.

En primer lugar debemos reflexionar sobre lo que podemos y no podemos considerar estimulación cognitiva desde el punto de vista terapĆ©utico. Constantemente recibimos estĆmulos a travĆ©s de nuestros sentidos que nos conectan con el exterior (susurros, ruidos de vehĆculos, mĆŗsica de ambiente, etc.) e incluso desde nuestro interior (pensamientos, ruidos de nuestro estómago, etc.), algunos de cuales se reciben de forma pasiva, sin voluntariedad por parte de la persona, y otros requieren al menos cierta voluntariedad.
Cualquiera de estos estĆmulos que recibimos deben ser procesados por nuestro cerebro, produciĆ©ndose cambios bioquĆmicos en Ć©l, por lo que ciertamente suponen una estimulación para nuestro cerebro (y nuestro organismo al completo). Sin embargo, para que estos estĆmulos puedan ser considerados como estimulación cognitiva desde un punto de vista terapĆ©utico deben estar enmarcados en un programa de intervención estructurado, con objetivos concretos definidos, siguiendo una metodologĆa especĆfica, guiados y supervisados por un profesional cualificado, etc. y por supuesto, deben haber sido demostrados sus beneficios cientĆficamente.
En las revisiones de estudios realizadas sobre los beneficios de diversas terapias no farmacológicas en pacientes con demencia se han encontrado resultados positivos en la cognición de los participantes, mejorando en procesos atencionales, memoria, lenguaje y en cognición en general. Se observa también un menor deterioro de las actividades instrumentales de la vida diaria frente a otros pacientes que sólo reciben los cuidados normales. En cuanto a las alteraciones conductuales, se observa ademÔs una mejora en el control emocional, los problemas de conducta y las conductas disruptivas.

A pesar de la tendencia a generalizar, debemos partir del hecho de que no todas las personas mayores tienen las mismas necesidades cognitivas ya que Ć©stas estĆ”n estrechamente relacionadas con el estado cognitivo de la persona. AsĆ, podemos estar frente a personas mayores con un excelente estado cognitivo, frente a otras que comienzan a experimentar ciertos dĆ©ficits y otras con un proceso demencial ya instaurado. Por ello es imprescindible una evaluación cognitiva inicial, y de seguimiento, que nos permita establecer un plan de intervención individualizado a partir del cual intervenir.
Dependiendo de las necesidades cognitivas los objetivos de intervención son diferentes
Intervenciones de prevención del deterioro cognitivo
Conjunto de acciones estructuradas dirigidas a evitar o retrasar la aparición de déficits cognitivos, es decir, para el mantenimiento de las capacidades cognitivas preservadas.
Intervenciones de rehabilitación cognitivas
Conjunto de acciones estructuradas encaminadas a la recuperación de funciones cognitivas tras una lesión cerebral (tras un traumatismo craneoencefÔlico, un accidente cerebrovascular, etc.).
Intervenciones de entrenamiento cognitivo
conjunto de acciones estructuradas encaminadas a la potenciación de las funciones cognitivas hasta un punto óptimo.
Los diferentes objetivos de estas intervenciones en ocasiones llevan consigo cierta confusión. Por ejemplo, es frecuente escuchar y/o leer el término rehabilitación cognitiva asociado a intervenciones dirigidas a personas con enfermedades neurodegenerativas (por ejemplo, la enfermedad tipo Alzheimer).
Como su propio nombre sugiere, éstas enfermedades suponen la pérdida progresiva, irreversible (y hasta la fecha irremediable) de las funciones cognitivas (y finalmente también funcionales) de quien las padece, debido a la degeneración de sus neuronas. Por lo tanto, en este contexto no tiene sentido hablar de rehabilitación ya que desgraciadamente ninguna de nuestras acciones podrÔn rehabilitar las funciones alteradas.
En los centros gerontológicos, el psicogerontólogo o psicólogo con formación gerontológica planifica y evalĆŗa los resultados de los programas de estimulación cognitiva ateniendo al plan integral individualizado de los usuarios y/o residentes. Dependiendo de los objetivos que persiguen, de la metodologĆa que emplean, etc., las intervenciones que desarrolla el psicogerontólogo pueden ser: talleres de psicoestimulación, talleres de reminiscencia, terapia de orientación a la realidad, talleres de entrenamiento de la memoria, etc.

Recientemente estĆ”n cogiendo fuerza otros tipos de intervenciones como las que utilizan las nuevas tecnologĆas (por ejemplo, la witerapia) o animales domĆ©sticos, entre otros. En cualquier caso, para que las intervenciones, sean del tipo que sean, repercutan positiva y significativamente en el funcionamiento cognitivo del residente y/o usuario (mĆ”s allĆ” del efecto placebo), es decir, para que resulten realmente beneficiosos, deben cumplir ciertos requisitos, entre otros: aplicarse en grupos reducidos, heterogĆ©neos, establecerse con cierta regularidad, estar compuestos por ejercicios que exijan cierto esfuerzo para los participantes, etc.
Efectivamente, en la estimulación cognitiva no todo vale: para lograr los resultados deseados para el envejecimiento activo de las personas mayores, los profesionales deben emplear Ćŗnicamente intervenciones que dispongan del suficiente respaldo cientĆficos y someterlas a constantes revisiones para valorar su eficacia.
El artĆculo compartido por Aula Mayor es de autoria de Ana MĀŖ GonzĆ”lez JimĆ©nez para Geriatricarea.com.- Ana M. Gonzalez es Presidenta de la Asociación EspaƱola de PsicogerontologĆa (AEPG). Es MĆ”ster en PsicogerontologĆa por la Universidad de Salamanca y MĆ”ster en NeuropsicologĆa ClĆnica por la Universidad Pablo Olavide de Sevilla.