Empoderarnos para vivir una mejor vejez

Hay mucha coincidencia en señalar entre las personas mayores que a medida que se envejece se disminuye el “poder”, el control sobre  la propia vida en el marco de las redes sociales y familiares.

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Entendiendo cómo “poder” al margen de libertad que las personas poseen para tomar decisiones y ejecutar acciones por sí solo y frente a otros. En este sentido el poder se constituye en una red de relaciones asimétricas a partir de la cual se ejerce dominio sobre otro. Muchas veces relegando la condición de igualdad de derechos.

El poder ejercido en forma de relación asimétrica es un acto disciplinario, que ejerce un “dominante” sobre un “dominado”, un acción invisible, presente en todas las tramas de relaciones sociales, y en la que la mayoría de las veces las personas no puedan avizorar salida del lugar de dominio y dependencia.  

En cambio, el poder sí es visible para quien lo ejerce, sea el Estado o cualquier individuo, incluso un familiar. Con el objeto de producir positivamente conductas y sujetos, discursos, verdades, saberes, y realidades que logran penetrar con su poder todas las relaciones sociales y modificar voluntades.

Por ejemplo, el Estado puede ejercer el poder definiendo las condiciones del sistema jubilatorio y de pensiones, para ello necesita de argumentos y un discurso que se presenta como verdad y que justifique los cambios que desea, aunque esos cambios vulnere derechos de las personas mayores. O un familiar puede modificar el lugar de residencia de una persona mayor aduciendo limitaciones y necesidad de cuidados, pero no necesariamente es lo que la persona mayor desea y necesita.

En ambas situaciones se presentan una trama de relaciones de poder que opera sobre las personas y que puede relegar o empoderar con derechos de las personas mayores.

Razón por la cual no podemos decir que el poder esté localizado en algún lado, sino que se visualiza cuando se ejerce en una trama de relaciones, legislativas, institucionales, familiares y en una multiplicidad de otras redes de poder en constante transformación, las cuales se conectan e interrelacionan.

Por esto el adulto mayor en muchas ocasiones se reconoce como un sujeto invisible y dependiente de alguna trama de relaciones que anula su autonomía e independencia y le “construye un nuevo mundo”, con verdades y saberes que no necesariamente contemplan sus prioridades.

De este modo el poder actúa sobre la autonomía, modificando la capacidad de decidir por sí mismo y sobre su  independencia anulando la capacidad de hacer por sí mismo.

También, a medida que se envejece, es más probable que se tenga mayor dificultad para reconocer estas formas de poder que se ejercen sobre sí mismo, anulando las capacidades para ejecutar  las actividades básicas: de cuidado personal, comer, vestir y movilizarse; e instrumentales: para hacer compras y pagar servicios, elaborar alimentos y administrar medicación, y de uso del transporte;  y más aún las avanzadas de la vida diaria: de participación social, laboral, y educativas, etc.

De allí,  una falta de visibilidad y reconocimiento de las necesidades y prioridades de la persona durante la etapa de la vejez, pero principalmente una limitación en el desarrollo humano de todas las capacidades actuales y potenciales.  

Por lo tanto, es una tarea centrar la atención en el “empoderamiento del adulto mayor” a partir de un análisis de la modalidad de relaciones sociales y de ejercicio del poder ejecutado para visibilizar las prioridades y objetivos de bienestar y calidad de vida.

Del análisis de contenidos de entrevistas psicosociales surgen algunos modos de relaciones de <poder desigual> en las personas mayores vinculadas a:

  • Poder elegir que vestir
  • Poder tomar decisiones sobre el propio cuerpo
  • Poder solicitar información en la consulta médica
  • Poder administrar el propio dinero
  • Poder tomar decisiones sobre la vivienda y lugar de residencia
  • Poder enamorarse
  • Poder vivir la sexualidad
  • Poder elegir qué hacer con el tiempo libre
  • Poder denunciar o expresar la violencia del Estado
  • Poder decir no a la manipulación afectiva.
  • Poder participar de la toma de decisiones.

Frente a esta serie de problemáticas que manifiestan las personas mayores como obstáculo para su desarrollo personal surge como una gran respuesta educar para el <<empoderamiento del adulto mayor>>.

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Al respecto, siguiendo un estudio publicado en el año 2016, por la Revista Española de Geriatría y Gerontología, define que “el empoderamiento del adulto mayor es el proceso mediante el cual las personas fortalecen sus capacidades, la confianza, la visión de protagonismo y el reconocimiento de que forman parte de un grupo social y de una red de relaciones, que son de utilidad para impulsar cambios positivos en las situaciones en las que viven”.

El empoderamiento está directamente vinculado a la promoción de la persona mayor, a su desarrollo integral, al ejercicio de sus derechos y a su calidad de vida. Es un proceso educativo que puede brindar respuesta a las diferentes problemáticas en el marco de las relaciones sociales. Ya que al hablar de empoderamiento del adulto mayor se vincula directamente a un grupo social y a un marco de relaciones sociales, incluido socialmente.

El mismo estudio dice que el empoderamiento busca aumentar el poder personal, social y/o político de modo que los individuos, las familias y las comunidades puedan actuar para mejorar sus situaciones vitales.

No obstante, existen múltiples barreras políticas, legislativas y sociales para el empoderamiento del adulto mayor. Que se expresan en el escaso lugar otorgado a las propuestas de espacios consultivos y consejos de adultos mayores para la toma de decisiones o leyes que restringen, por la edad, la participación social, por ejemplo en la participación en jurados populares, no puede superar los 65 años de edad.   

Es por ello que, cada vez más, el empoderamiento es considerado una meta fundamental en áreas tales como la ampliación de la participación en actividades con protagonismo social y político en la promoción de derechos en condiciones de igualdad.

Reconociendo que en las problemáticas actuales del adulto mayor es prioritario incorporar, en el abordaje clínico, institucional y comunitario una perspectiva de empoderamiento, para que se puedan ejercer las capacidades, necesidades y prioridades personales y sociales.

#Imágen del Espacio Consultivo de la ciudad de Córdoba en su 10° Aniversario#

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Con acciones que reconozcan y propicien el margen de libertad adecuado para modificar y transformar las relaciones de poder asimétricas que someten y limitan el desarrollo de las capacidades.

Hablar de empoderamiento requiere referirse tanto al empoderamiento de las personas, en tres dimensiones:

  • La participación desde la esfera individual, como ciudadano o con profesionales de la salud que brindan servicios al adulto mayor.
  • La participación en la esfera organizacional e institucional con acceso en condiciones de igualdad a los recursos que éstas brindan.
  • La participación e involucramiento en la esfera de los grupos sociales, políticos y comunitarios de transformación social.

Empoderar, implica, crear capacidades y el acceso igualitario en estas tres esferas o dimensiones.

El estudio, antes mencionado, hace referencia a que desde hace unos años existe un movimiento mundial conocido como el enfoque del desarrollo humano o «de las capacidades» que impulsa un nuevo paradigma teórico en el campo del desarrollo y las políticas públicas que sustenta esta visión de empoderar a las personas mayores.

Este enfoque concibe a cada persona como un fin en sí misma y no se pregunta solamente por su grado de bienestar, sino también por las oportunidades de elección y libertad disponibles para cada ser humano.

La finalidad del desarrollo global consiste en hacer posible que las personas vivan vidas plenas y creativas, desarrollen su potencial y formen una existencia significativa acorde con la igualdad de dignidad humana de todos los individuos.

Este proceso educativo de empoderamiento  también busca desechar los modelos que fijan su foco de atención en las limitaciones y problemas de las personas mayores por otros centrados en el desarrollo de sus potencialidades y fortalezas personales.

En esta línea se vincula a promover y defender la autonomía y participación activa y efectiva de las personas mayores en la gestión de los diferentes aspectos que conciernen directamente con el control de su vida. Pero es muy necesario que el empoderamiento se enfoque en el protagonismo del adulto mayor en la promoción de las condiciones de igualdad de derechos.

Si los funcionarios y personas que trabajan con personas mayores no asumen esta perspectiva de empoderamiento se corre el riesgo de acentuar, como consecuencia, el aumento de una visión estereotipada y estigmatizada, que tiende a ignorar la voluntad de las personas mayores y su capacidad para ejercer control sobre los aspectos más centrales de su vida actual.

El reto, inclusive para el adulto mayor, es el de explorar las propias actitudes, creencias y sesgos que no permiten que se enfatice el crecimiento, el cambio, la colaboración y el protagonismo activo como persona mayor.  

Bibliografía de referencia

Raúl Vaca Bermejo, Pilar Montreal-Bosch, Lourdes Bermejo Garcia, Yolanda Clotiello Cueria, Sandra Fernández Prado, y otros. “El empoderamiento en el ámbito de la gerontología clínica y social”. Revista Española de Geriatría y Gerontología. Vol. °51 N°4 julio de 206, pag. 187-248.-

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